Cibao

Puerto Plata, un destino donde el turismo también cuenta la historia

Fundada en 1877, Puerto Plata es considerada uno de los destinos turísticos más importantes de toda América Latina. Pese a sus atracciones turísticas, Puerto Plata es también una cuna de historia.

El ámbar dominicano constituye uno de los recursos naturales e históricos más representativos de Puerto Plata, donde su extracción y comercialización han formado parte del desarrollo económico y cultural de la provincia durante décadas. En el Museo del Ámbar, ubicado en el centro histórico de la ciudad, visitantes nacionales y extranjeros conocen el origen de esta resina fosilizada, considerada una de las más valiosas del mundo por la diversidad de fósiles de plantas e insectos que conserva.

La colección fue reunida en 1982 por la pareja de italianos Costa Perelló, quienes ese mismo año abrieron el primer Museo del Ámbar de República Dominicana. El museo funciona en una antigua edificación que anteriormente perteneció a la familia Benz, de origen alemán, vinculada a la producción y exportación de azúcar de caña. La propiedad permaneció en manos de los Costa Perelló hasta 2018, cuando pasó a la familia León Herbert, vinculada a la tercera generación del legado de León Jimenes.

Durante el recorrido, l guía explica que el ámbar no es una piedra, como podría parecer a simple vista, sino una resina vegetal que, de acuerdo con la explicación ofrecida a los visitantes, puede tardar entre dos y diez millones de años en transformarse hasta alcanzar su estado fósil. Si mismo, tampoco es exclusivo de República Dominicana. En las vitrinas se exhiben piezas procedentes de distintos lugares del mundo, entre ellos México, Polonia, África y Australia. Sin embargo, el ámbar dominicano destaca por su transparencia y por la diversidad de inclusiones que conserva en su interior.

Hojas, ramas, flores e insectos pueden quedar atrapados en la resina mientras esta aún se encuentra en estado líquido. Esas inclusiones se convierten con el paso del tiempo en una especie de registro natural de millones de años.

Entre las piezas que más llaman la atención está el ámbar azul, presentado durante el recorrido como el más raro y, hasta el momento, exclusivo de República Dominicana. Su particularidad es que su tonalidad azul no necesariamente se aprecia a simple vista: al recibir luz solar o de alta intensidad, la pieza cambia hacia un azul de apariencia oceánica.

El color del ámbar no siempre está relacionado con su antigüedad. Tonalidades como verde, rojo, negro y opaco pueden producirse por reacciones químicas entre la resina y distintos elementos del ambiente. En el caso de las piezas más oscuras, el museo utiliza iluminación posterior para permitir que los visitantes puedan apreciar las inclusiones que de otro modo quedarían ocultas.

Detrás de cada ejemplar de ámbar existe también una actividad minera que dista mucho de la imagen que ofrecen las vitrinas. La extracción se realiza manualmente y, según la explicación ofrecida en el museo, los mineros pueden trabajar jornadas de entre 8 y 14 horas, sin un salario fijo, pues su remuneración depende de las piezas que logren extraer.

El museo conecta esta historia con otra tradición que forma parte de la identidad económica y cultural dominicana: el tabaco.

La segunda parte del recorrido está dedicada a este cultivo y a los procesos que atraviesa antes de convertirse en un cigarro. La exhibición también cuenta su historia en América.

La exhibición muestra cómo comienza el proceso de producción. Las plantas pasan inicialmente por invernaderos, donde se controlan las condiciones del entorno. Después de aproximadamente siete semanas son trasladadas al campo abierto, donde continúan su desarrollo durante entre 80 y 120 días. En total, el crecimiento de la planta puede tomar alrededor de siete meses.

El recorrido de esta etapa explica dese las pequeñas semillas dan paso a las plantas hasta el curado, una etapa que suele confundirse con el simple secado. Es durante este proceso cuando comienza a desprenderse el olor característico del tabaco.

La exhibición está vinculada además con La Aurora, presentada durante el recorrido como la primera tabacalera fundada en República Dominicana, el 3 de octubre de 1903, y actualmente relacionada con la familia propietaria del museo.

Una casa que conserva la historia

La historia de Puerto Plata también está presente en sus personajes. En el centro histórico de la ciudad funciona la Casa Museo General Gregorio Luperón, dedicada a uno de los principales protagonistas de la Guerra de la Restauración.

El recorrido comienza con una mirada a la vida cotidiana del siglo XIX, pero también permite conocer los primeros años de Luperón. Nacido en Puerto Plata el 8 de septiembre de 1839, creció en una familia de escasos recursos. Su madre elaboraba un dulce conocido como piñonate, hecho de piña, coco y lechosa, que él y sus hermanos vendían en las calles para ayudar al sustento familiar.

A los 12 años comenzó a trabajar en los cortes de caoba de Pedro Eduardo Dubourg, en Jamao al Norte. Allí tuvo acceso a una biblioteca y aprendió inglés y francés de manera autodidacta, acercándose a libros de historia, religión y literatura.

Su vida cambió con la anexión de la República Dominicana a España en 1861. Luperón se opuso al proceso, rechazó cargos ofrecidos por las autoridades españolas y posteriormente fue perseguido, hasta escapar del país.

Una de las principales salas del museo está dedicada a la Guerra de la Restauración, iniciada en 1863 con el Grito de Capotillo. Machetes, sables, lámparas y otros objetos forman parte de la exhibición que busca recrear las condiciones en las que combatieron los dominicanos frente a las tropas españolas.

Luperón continuó vinculado a la vida política del país después de la Restauración. En 1879 encabezó un gobierno provisional desde Puerto Plata durante 11 meses, período en el que, según el recorrido del museo, impulsó escuelas y obras públicas, entre ellas trabajos en la Fortaleza San Felipe, la glorieta del parque central, el puente de La Guinea y el cuerpo de bomberos.

La casa también conserva objetos personales, fotografías y elementos relacionados con su vida familiar y sus viajes, mostrando una faceta más allá del personaje militar y político. El general murió en Puerto Plata el 21 de mayo de 1897. Sus restos fueron posteriormente trasladados a Santo Domingo, donde reposan en el Panteón de la Patria.

Al finalizar el recorrido, una frase atribuida al general resume el espíritu que el museo busca transmitir: “Para reformar a los pueblos hay que buscar a la juventud que es la esperanza.”

De esta manera, entre piedras que en realidad son resinas fosilizadas, insectos atrapados durante millones de años, antiguas edificaciones, cultivos y tradiciones que sobrevivieron al paso del tiempo, Puerto Plata revela una faceta que va más allá del turismo.

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Su historia también está en aquello que se conserva detrás de las vitrinas: en el ámbar extraído de sus montañas, en la memoria de quienes marcaron la historia dominicana y en las tradiciones productivas que todavía forman parte de su identidad.

RAFELINA HIDALGO-HENSY MARTINEZ-LISTIN DIARIO

Redacción

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